De las políticas de control de las sustancias al cuidado de las subjetividades: Una lectura en el Día Internacional contra el Uso Indebido y el Tráfico Ilícito de Drogas.

Por: Lic. Laura Cappellón. MP: 5322

Cada 26 de junio, la comunidad internacional se une bajo la consigna establecida por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1987: el Día Internacional de la Lucha contra el Uso Indebido y el Tráfico Ilícito de Drogas. Esta fecha no es un simple recordatorio burocrático, sino un llamado a la reflexión y a la interpelación de nuestras categorías teóricas y prácticas institucionales. El objetivo es generar conciencia pública e impulsar políticas centradas en la prevención, la atención integral y la perspectiva de derechos.

La historia de las drogas, y sus diversos usos, ha estado intrínsecamente ligada al devenir de la humanidad. Sin embargo, es a partir de la segunda mitad del siglo XX cuando este fenómeno se transforma en uno de los desafíos más complejos y urgentes para las sociedades modernas.

Es innegable que, a lo largo de la historia, la comunidad internacional ha desplegado grandes esfuerzos y sofisticados marcos normativos para fiscalizar, regular y reprimir el tráfico de sustancias a nivel global. Sin embargo, los efectos de este enfoque estrictamente punitivo están a la vista: lejos de contener el problema, los consumos y los mercados ilícitos se han expandido y complejizado a una escala sin precedentes. La ilusión de que controlar la oferta bastaría para reducir la demanda se ha desmoronado por completo con el paso de los años.

Las consecuencias no deseadas de los marcos normativos tradicionales impactan de lleno en el campo de la salud pública. Al sostenerse sobre paradigmas reduccionistas que criminalizan al consumidor, promueven activamente su estigmatización. Esta matriz de pensamiento no solo margina a los sujetos, sino que genera dinámicas de exclusión social que alteran y marcan de forma indeleble sus trayectorias vitales, alejándolos de los ámbitos de salud y exponiéndolos a riesgos aún mayores.

Estas consecuencias, entre otras, fueron llevando a que los paradigmas simplistas perdieran fuerza explicativa y se comience a estudiar el fenómeno desde el paradigma de la complejidad. La complejidad nos ubica en la búsqueda de alternativas en el plano de la prevención, la asistencia y la reinserción social. El enfoque de reducción de riesgos y de Salud Pública[i] va ganando protagonismo en el debate internacional de políticas sobre drogas.

Como profesionales psicólogas/os, nuestro desafío epistemológico y ético es interpelar estas posiciones históricas. Las sustancias no operan en el vacío. El consumo problemático es un síntoma complejo que se inscribe sobre factores individuales, familiares, sociales, económicos y comunitarios, entre otros.

Abordar esta problemática desde una perspectiva de Salud Pública y Salud Mental Comunitaria implica entender que prevenir es construir lazos, alojar el malestar y ofrecer alternativas de sentido allí donde el consumo aparece como un intento fallido de obturar el dolor existencial o la exclusión. La intervención eficaz no se mide solo en tasas de abstinencia, sino en la restitución de la dignidad y los derechos de los sujetos.

Por último, resulta indispensable analizar este fenómeno desde una perspectiva histórica compleja. No podemos avanzar sin una lectura crítica de la historia y de las consecuencias de los diversos posicionamientos. Hoy emergen nuevos consensos globales: el consumo problemático es, ante todo, un asunto de salud pública que debe ser abordado desde un enfoque centrado en las personas, priorizando el cuidado, la inclusión y el respeto absoluto por los derechos humanos

Urge fortalecer los efectores del Estado, potenciar la interdisciplina y consolidar las tramas comunitarias bajo el paradigma de la corresponsabilidad. Debemos asumir que el consumo problemático no es un padecimiento privado del sujeto; es una responsabilidad compartida que convoca al Estado, el sistema sanitario, el ámbito educativo y la comunidad a tejer una red de cuidados colectivos que reemplace de una vez por todas al aislamiento y la segregación.

A modo de cierre, espero que esta fecha opere como un faro que nos oriente en la construcción de nuevas alternativas de abordaje, y que nos impulse a seguir tejiendo tramas que sostengan un enfoque de salud integral y de derechos humanos. Redes, para que nadie se caiga.


[i] Perfil conceptual basado en los compromisos asumidos en la Sesión Especial de la Asamblea General de las Naciones Unidas sobre el Problema Mundial de las Drogas (UNGASS 2016), donde se priorizó el enfoque de salud pública y derechos humanos por sobre el paradigma punitivo

Publicaciones relacionadas

Scroll al inicio