2 DE ABRIL – DE LA CONCIENTIZACIÓN A LA COMPRENSIÓN DE LA EXPERIENCIA AUTISTA

Cada 2 de abril se instala la invitación a “concientizar sobre el autismo”.

Sin embargo, en los últimos años, muchas voces —especialmente de personas autistas— han comenzado a cuestionar no solo el modo en que se construye esa concientización, sino también quiénes la producen y desde qué lugar. Este planteo no implica negar la necesidad de información ni de visibilización. Implica, más bien, complejizarla.

Hoy contamos con marcos de comprensión que invitan a dejar de pensar el autismo exclusivamente como un conjunto de déficits a intervenir, para empezar a entenderlo también como una forma particular de procesar, percibir y habitar el mundo.

Esto no borra el malestar, pero sí cambia la forma de entenderlo y de
acompañarlo.

En la clínica con personas adultas, cada vez es más frecuente escuchar historias de trayectorias atravesadas por diagnósticos múltiples, tratamientos centrados en la adaptación y una sensación persistente de desajuste difícil de nombrar.

Muchas de estas personas han sostenido durante años lo que hoy conocemos como masking: un esfuerzo constante por adecuarse a normas sociales que no contemplan del todo su modo de procesar el mundo.

Un esfuerzo que suele tener como consecuencia fatiga, ansiedad, burnout y, en muchos casos, una profunda desconexión con la propia identidad.

Cuando incorporamos la dimensión de la experiencia —eso que muchas veces no se ve pero se siente en el cuerpo— algo cambia.

Lo que antes leíamos como desinterés puede empezar a entenderse como sobrecarga. Lo que parecía silencio, tal vez era esfuerzo.

Lo que interpretábamos como rigidez puede vincularse con la necesidad de previsibilidad. Este desplazamiento no es menor.

Implica revisar prácticas, supuestos y objetivos terapéuticos.

En este sentido, el desafío actual para quienes trabajamos en salud mental no es solamente actualizar categorías diagnósticas, sino ampliar la escucha.

Incluir la experiencia autista en primera persona como parte central del proceso clínico.
Y preguntarnos si nuestras intervenciones promueven realmente bienestar o solo mayor adecuación a normas externas.

El 2 de abril puede ser, entonces, una oportunidad.

No solo para “concientizar”, sino también para avanzar hacia una mirada basada en la aceptación, el respeto y la comprensión de la experiencia subjetiva.

¿Qué entendemos por acompañar?
¿Qué le pedimos a una persona cuando le pedimos que se adapte?
¿Cuánto esfuerzo damos por supuesto?
¿Y qué lugar tiene su experiencia en lo que entendemos como “progreso”?
Quizás el verdadero desafío no sea saber más sobre autismo.
Sino aprender a escuchar de otra manera.

Lic. Paola Fabiana Baez (MP 11361)

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